LA SOMBRA QUE NO QUERÍA SEGUIR A NADIE
En un rincón del mundo donde las sombras obedecían sin preguntar, existía una que no lo hacía. Mientras todas seguían fielmente los pasos de sus dueños, copiando cada movimiento, esta sombra… se detenía, se alejaba, dudaba. No era rebelde por capricho. Era diferente por naturaleza. Desde pequeña, cuando la luz tocaba a su humano, la sombra se despegaba unos centímetros, como si pensara antes de moverse. Algunos lo notaban, pero nadie decía nada. Hasta que un día, simplemente no volvió a seguir. Su humano, un joven de andar apresurado y corazón lleno de miedo, no entendía qué pasaba. —¿Por qué no vienes conmigo? —le preguntó, molesto. La sombra no respondió. Pero tampoco se movió. Pasaron los días. El joven intentó ignorarla, como si no la necesitara. Pero al caminar, notaba su ausencia. Se sentía extraño sin ella, como si una parte de sí mismo estuviera perdida. Un día, no pudo más, y gritó: —¡Eres mi sombra! ¡Debes seguirme! Y por primera vez, la sombra habló. —No te ...