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Mostrando las entradas de mayo, 2025

LA SOMBRA QUE NO QUERÍA SEGUIR A NADIE

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En un rincón del mundo donde las sombras obedecían sin preguntar, existía una que no lo hacía. Mientras todas seguían fielmente los pasos de sus dueños, copiando cada movimiento, esta sombra… se detenía, se alejaba, dudaba. No era rebelde por capricho. Era diferente por naturaleza. Desde pequeña, cuando la luz tocaba a su humano, la sombra se despegaba unos centímetros, como si pensara antes de moverse. Algunos lo notaban, pero nadie decía nada. Hasta que un día, simplemente no volvió a seguir. Su humano, un joven de andar apresurado y corazón lleno de miedo, no entendía qué pasaba. —¿Por qué no vienes conmigo? —le preguntó, molesto. La sombra no respondió. Pero tampoco se movió. Pasaron los días. El joven intentó ignorarla, como si no la necesitara. Pero al caminar, notaba su ausencia. Se sentía extraño sin ella, como si una parte de sí mismo estuviera perdida. Un día, no pudo más, y gritó: —¡Eres mi sombra! ¡Debes seguirme! Y por primera vez, la sombra habló. —No te ...

EL NIÑO QUE TENÍA MIEDO DE BRILLAR

            Había una vez un niño que nació con una luz dentro. No era una luz que pudiera verse con los ojos, pero todos la sentían cuando él estaba cerca. Era cálida, suave, diferente. Bastaba con que sonriera para que el día se volviera más claro, o con que mirara con ternura para que alguien dejara de sentirse solo. Pero esa luz, en lugar de hacerlo sentir especial, lo hizo sentir raro. —No seas tan intenso —le decían. —Hablas demasiado profundo para tu edad —le señalaban. —¿Por qué lloras por cosas que no importan? —le preguntaban. Y así, poco a poco, el niño comenzó a esconder su brillo. Bajaba la mirada cuando quería decir algo importante. Se reía menos fuerte. Dejaba que los demás tomaran la palabra, aunque él tuviera algo valioso que compartir. Su luz seguía ahí, latiendo como una estrella atrapada en un frasco. Pero él no la dejaba salir, porque pensaba que brillar era molestar. Que ser diferente era un error. Que incomodar con verdad er...

EL RELOJ QUE CONTABA HACIA ATRÁS

        En un rincón olvidado de una antigua relojería, donde el polvo cubría los recuerdos y el tiempo parecía haberse detenido, había un reloj diferente a todos los demás. No tenía segundero ni campanadas, y sus agujas no giraban como las demás. Este reloj contaba hacia atrás. Nadie sabía de dónde había salido. El viejo relojero, que ya casi no veía bien y hablaba con voz temblorosa, decía que ese reloj no estaba en venta, que no era para cualquiera. Cuando alguien preguntaba por él, respondía con un susurro: —Ese reloj no mide el tiempo... mide los arrepentimientos. Un día, un joven entró en la tienda. Tenía la mirada cansada, como si el alma le pesara más que el cuerpo. Se acercó al mostrador y, sin mirar los relojes nuevos y brillantes, señaló directamente al reloj que contaba hacia atrás. —¿Cuánto cuesta ese? —No tiene precio —dijo el relojero—. Pero si te atreves a llevarlo, cambiará tu vida. El joven no preguntó más. Lo tomó entre sus manos, y des...

EL LIBRO QUE ESCRIBÍA SOLO

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          Había una vez un niño llamado Elías que siempre sentía que no encajaba en ningún lugar. Era reservado, soñador, y hablaba más con el viento que con las personas. Mientras otros niños corrían y reían, él prefería observar el cielo, dibujar historias en su mente y caminar por senderos solitarios que nadie más notaba. Un día, mientras exploraba los rincones más antiguos del pueblo, encontró una pequeña biblioteca escondida entre árboles retorcidos. Parecía abandonada, pero tenía ese aire misterioso que solo los lugares llenos de magia poseen. Dentro, el polvo flotaba como estrellas dormidas, y los libros crujían con cada paso, como si sus páginas susurraran secretos de otros tiempos. En un rincón oscuro, casi escondido detrás de un mueble roto, había un libro sin nombre. Era más grueso que los demás, y sus tapas eran de un cuero extraño, suave y tibio, como si tuviera pulso. Al abrirlo, Elías notó que todas sus páginas estaban en blanco. No tenía títu...

Cuentos con Reflexión: EL ESPEJO QUE DECÍA LA VERDAD

Cuentos con Reflexión: EL ESPEJO QUE DECÍA LA VERDAD :           En una vieja casa con olor a madera y memorias, vivía Elías, un joven silencioso, de mirada baja y corazón inquieto. La casa era h...

LA SOMBRA QUE APRENDIÓ A BRILLAR

           Había una vez una sombra que no tenía nombre. No era luz, no era materia, no era forma propia. Vivía pegada a un niño, como todas las sombras, pero nadie hablaba de ella. Desde que él nació, la sombra lo acompañó a cada paso: cuando dio su primer tropezón, cuando lloró en silencio en el rincón del salón, cuando reía sin razón alguna… ella siempre estuvo allí, silenciosa y fiel. Pero nunca fue bienvenida. En cada intento de aparecer, alguien encendía la lámpara más brillante. En cada intento de hablar, la luz la silenciaba. Incluso el niño, a quien más quería, parecía temerle. “¡Qué feo se ve eso!”, decía, y daba un paso más cerca de la ventana, buscando claridad. La sombra comenzó a preguntarse si tenía algún valor. Si no era deseada, ¿para qué existía? Si todos la rechazaban, ¿por qué seguía apegada al niño? Un día, cansada de vivir en el margen, decidió marcharse. No por enojo, sino por una tristeza tan grande que ya no cabía en sus borde...

EL PUENTE QUE SE NEGABA A CAER

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            En un rincón olvidado del mundo, donde los días parecían pasar más despacio y el cielo conservaba un azul antiguo, se alzaba un puente sobre un río ancho y profundo. Era un puente de madera y piedra, sin decoraciones, sin nombre, sin placas ni fechas conmemorativas. Algunos decían que había sido construido por los primeros habitantes del valle, otros afirmaban que el puente había estado allí incluso antes de que llegaran los humanos. Sea como fuere, lo cierto es que había resistido el paso del tiempo. Su madera envejecida había visto estaciones pasar, guerras acabar, familias nacer, otras migrar. Lo cruzaron enamorados de la mano, niños con mochilas más grandes que ellos, ancianos con pasos temblorosos. Y cada crujido de sus tablones no era queja, sino canto. Un canto suave y melancólico de aquello que permanece, que observa, que acompaña. Pero llegó el día en que lo llamaron viejo. La modernidad, con sus estructuras metálicas y diseños im...

LA LUCIÉRNAGA QUE SE APAGÓ POR MIEDO

  En un bosque que solo despertaba cuando caía la noche, vivían cientos de luciérnagas. Cada una llevaba en su interior una chispa, una pequeña luz que los humanos veían desde lejos como estrellas danzantes sobre la hierba. Para ellas, esa luz no era un adorno ni un simple brillo: era su esencia, su identidad, su voz. Lía era conocida por todos. Su luz era la más brillante de la región. No porque resplandeciera más que las otras, sino porque la usaba para guiar, para animar a quienes se sentían apagados. Siempre tenía palabras de aliento, un gesto amable, una historia que contar. Todos la admiraban. Algunos la envidiaban. Pero nadie conocía lo que ocurría dentro de ella. Porque incluso las más luminosas pueden tener noches oscuras. Desde hacía un tiempo, Lía sentía que algo la consumía desde dentro. Todo había comenzado con una pequeña duda… una que llegó sin avisar, como una ráfaga de viento helado. Y con el tiempo, esa duda se convirtió en miedo. Un miedo que se disfrazaba ...

LA MARIPOSA QUE OLVIDÓ QUE PODÍA VOLAR

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  Había una vez un rincón del mundo donde el tiempo parecía caminar más lento, donde los árboles susurraban canciones antiguas y el viento olía a esperanza. Allí, entre pétalos dormidos y hojas que danzaban al ritmo del sol, nació una mariposa única. Sus alas eran un lienzo pintado con azules profundos, como el océano en calma, y bordes dorados que relucían al contacto con la luz, como si cada movimiento dibujara estrellas en el aire. Desde que emergió de su crisálida, todos sabían que estaba destinada a algo grande. No era solo hermosa: tenía un brillo interno, una confianza que inspiraba a las demás criaturas del bosque. Volaba alto, más alto que cualquiera. Se deslizaba entre las nubes con la ligereza de un suspiro, y donde pasaba dejaba una estela de belleza y alegría. Los pájaros la saludaban al verla, los girasoles giraban para observar su vuelo, y hasta las piedras parecían más suaves cuando ella se posaba sobre ellas. Todo era armonía. Todo era libertad. Hasta que lle...

EL ÁRBOL QUE NO QUERÍA CRECER

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         En una colina donde el sol dormía entre las montañas, el viento contaba historias a los ríos y la luna acariciaba las hojas con ternura, nació una semilla. Era una semilla como tantas, pero en su interior guardaba un susurro. No era un susurro de esperanza ni de sueños… era un susurro de miedo. Esa semilla cayó en buena tierra, suave, oscura y fértil. La lluvia llegó a recibirla con una sonrisa líquida y el sol le tendió sus rayos como manos cálidas. Todo estaba preparado para que brotara. Y lo hizo. Lenta, tímidamente, como quien pisa un terreno desconocido. Un brote verde rompió la tierra, mirando a su alrededor con cautela. Los días pasaron. El brote se convirtió en tallo. Pero ahí se detuvo. —“¿Qué ocurre?” —preguntó la flor cercana. —“¿Por qué no sigues creciendo?” —le preguntó una mariposa curiosa. —“Tienes todo lo que necesitas. ¿A qué le temes?” —le murmuró la tierra. Y el pequeño árbol respondió: —“Tengo miedo. Si crezco, estaré ...