LA SOMBRA QUE NO QUERÍA SEGUIR A NADIE

En un rincón del mundo donde las sombras obedecían sin preguntar, existía una que no lo hacía. Mientras todas seguían fielmente los pasos de sus dueños, copiando cada movimiento, esta sombra… se detenía, se alejaba, dudaba.

No era rebelde por capricho. Era diferente por naturaleza.
Desde pequeña, cuando la luz tocaba a su humano, la sombra se despegaba unos centímetros, como si pensara antes de moverse. Algunos lo notaban, pero nadie decía nada. Hasta que un día, simplemente no volvió a seguir.

Su humano, un joven de andar apresurado y corazón lleno de miedo, no entendía qué pasaba.

—¿Por qué no vienes conmigo? —le preguntó, molesto.

La sombra no respondió. Pero tampoco se movió.

Pasaron los días. El joven intentó ignorarla, como si no la necesitara. Pero al caminar, notaba su ausencia. Se sentía extraño sin ella, como si una parte de sí mismo estuviera perdida. Un día, no pudo más, y gritó:

—¡Eres mi sombra! ¡Debes seguirme!

Y por primera vez, la sombra habló.

—No te sigo porque tú no te sigues a ti mismo.
—¿Qué dices?
—Has vivido para complacer, para encajar, para cumplir lo que otros esperan. Yo no quiero caminar ese camino. Quiero el tuyo… el verdadero.

El joven quedó en silencio. Nadie le había dicho algo así.
Y de alguna manera… lo entendió.

Esa noche se sentó a escribir lo que en verdad quería. Lo que soñaba. Lo que le dolía. Fue difícil al principio. Estaba lleno de capas que no eran suyas. Palabras impuestas, decisiones heredadas, miedos que no le pertenecían. Pero entre todo eso, encontró una chispa que le era familiar.

Su sombra lo miraba desde la pared.
Sin moverse.
Pero con esperanza.

Con cada paso que dio hacia su verdad —aunque fuera torpe, pequeño, incierto—, la sombra comenzó a acercarse. Ya no lo imitaba. Caminaban juntos, lado a lado. A veces incluso ella iba primero, como guiándolo hacia su propio centro.

Y fue así como el joven aprendió que no todo lo que lo acompaña debe obedecer. Que a veces las partes más valiosas de uno son las que se atreven a desobedecer lo que ya no vibra con el alma.

 

Reflexión

Romper cadenas no siempre significa huir. A veces significa quedarse y preguntar:
¿Por qué estoy aquí? ¿Es esto lo que quiero? ¿O es lo que otros esperan de mí?

La sombra de este cuento representa esa voz interna que se niega a caminar un camino ajeno. Esa parte de nosotros que no quiere fingir más, que anhela autenticidad.

Aprender a escucharla es el primer paso hacia una vida libre.
No perfecta, no fácil, pero sí real.
Y vivir en verdad, aunque asuste, es el acto más valiente de todos.

 

 

 

 

 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

EL ESPEJO QUE DECÍA LA VERDAD

El guardián del puente invisible

EL RELOJ QUE CONTABA HACIA ATRÁS