La lámpara que solo brillaba en la oscuridad
En el rincón más olvidado de una antigua bodega, descansaba una lámpara de bronce que nadie había encendido en años. Su superficie estaba cubierta de polvo, y el vidrio de su pantalla tenía manchas que parecían cicatrices del tiempo. Cada día, veía cómo pasaban otros objetos a su alrededor: linternas modernas, bombillos LED, lámparas elegantes y decorativas. Todos parecían tener un propósito, un lugar, una función. Ella, en cambio, era invisible para todos.
En silencio, comenzó a creer que no servía para nada. Que su luz, si alguna vez la tuvo, se había apagado hacía mucho. Se convenció de que su tiempo había pasado y que ahora solo era una reliquia sin sentido. Cada noche, cuando todo quedaba en penumbra, deseaba poder brillar. No para ser admirada, sino simplemente para sentir que aún podía ser útil, que aún tenía algo que dar.
Una tarde, una tormenta azotó el pueblo. Un rayo cayó cerca, y toda la electricidad se fue. La casa quedó completamente a oscuras. Las modernas luces dejaron de funcionar, los cargadores estaban vacíos, y el miedo se coló en los rincones como una brisa helada.
Fue entonces cuando una joven, temblando en medio de la oscuridad, bajó a la bodega buscando algo, cualquier cosa que pudiera dar un poco de luz. Tropezó con una caja, y dentro de ella encontró aquella vieja lámpara. Dudó por un momento, pero algo en su corazón le dijo que la intentara encender.
Giró con cuidado la perilla… y sucedió algo inesperado: un resplandor cálido, suave y constante llenó el espacio. No era una luz fuerte, pero sí era una luz que envolvía, que traía calma. La joven subió con la lámpara en brazos y la puso sobre la mesa. La familia entera se reunió a su alrededor. Por primera vez en mucho tiempo, todos se sintieron seguros, como si esa pequeña luz les recordara que aún en la noche más oscura, siempre hay algo que puede brillar.
La lámpara, desde entonces, no volvió a estar sola. No porque todos quisieran su luz cada noche, sino porque comprendieron que su valor no estaba en lo moderno o lo brillante, sino en lo que podía ofrecer cuando el mundo se quedaba sin luz.
A veces sentimos que hemos sido dejados a un lado, como si ya no tuviéramos nada que aportar. Pero el valor no siempre está en lo visible o lo inmediato. Algunas luces, como algunas personas, están hechas para brillar en los momentos más oscuros. No busques ser notado todo el tiempo, busca ser útil cuando más se necesita. Porque allí, en esa entrega silenciosa, brilla tu verdadero valor.
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