El banco de los silencios

 (Cuento corto con reflexión para pensar)

En medio de un parque que no aparecía en los mapas, existía un banco antiguo, de madera desgastada. Estaba bajo un árbol frondoso que parecía abrazar a quienes se sentaban. A simple vista no tenía nada especial, pero quienes lo descubrían encontraban algo que no sabían que estaban buscando: paz, consuelo y silencio.

Lunes: la memoria

Don Manuel, un anciano de mirada apagada, se sentó sin hablar. En sus ojos guardaba historias, y en sus silencios, pérdidas. Recordó a su esposa, a sus hermanos, a los años que se fueron. El banco no le pidió palabras. Solo lo acompañó.
Este cuento corto refleja cómo la soledad puede sanar cuando es aceptada.

Martes: la carta

Una joven con una carta arrugada lloraba en silencio. No necesitaba respuestas, solo un lugar donde su tristeza pudiera descansar. El banco, como siempre, no preguntó nada.
A veces, la vida nos rompe y solo necesitamos un espacio para volver a respirar.

Miércoles: el niño

Un niño con una herida en la pierna observaba a otros jugar. No se atrevía a unirse. Se sentía diferente, pequeño, excluido. Se sentó en el banco, y por un momento, el miedo se volvió más liviano.
Este cuento corto con enseñanza habla del valor de la empatía y la aceptación.

Jueves: el joven invisible

Con los audífonos puestos, un joven se dejó caer en el banco. Su mochila rota pesaba menos que sus pensamientos. No escuchaba música. Solo quería escapar.
Relatos breves como este muestran cómo muchos cargan heridas que no se ven.

Viernes: la madre

Una madre con su bebé dormido encontró un respiro en ese rincón. No dijo nada. Solo cerró los ojos y suspiró.
Los cuentos con reflexión nos recuerdan que incluso los momentos simples pueden ser sagrados.

Sábado: la flor

Un hombre dejó una flor y se marchó. No se sentó. No lloró. Pero dejó algo atrás.
Cuentos simbólicos como este nos invitan a pensar en todo lo que no decimos.

Domingo: el viento

Ese día no llegó nadie, pero el banco no estuvo solo. El viento sopló como si llevara consigo los suspiros de todos los que lo habían visitado.
El silencio también cuenta historias, y a veces es lo único que necesitamos para sanar.

Reflexión final

En un mundo lleno de ruido, encontrar un lugar donde podamos ser nosotros mismos, sin hablar, sin aparentar, es un regalo.
Este cuento corto con reflexión es una invitación a valorar los momentos de silencio, los lugares tranquilos, y los espacios donde no necesitamos justificar lo que sentimos.

A veces no se trata de hablar, sino de sentir en paz. Y de saber que incluso el silencio puede ser una forma de compañía.


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